sábado, 16 - Dic - 2017
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La pesca autosostenible del bass

Por una pesca autosostenible del bass

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Texto: J. L. Díaz Luna.

Conocer los impactos reales y potenciales que podemos ejercer los pescadores deportivos sobre el medio natural es el primer paso para limitarlos, pues siendo conscientes de los efectos surgen las reflexiones que nos permiten tomar decisiones que los limiten. Nadie vea pues, en las ideas que siguen, otra cosa que el deseo de avance –a partir del conocimiento- hacia una práctica autosostenible de esta actividad y la conservación de los ecosistemas a la que está ligada.

Buena parte de las ideas y datos que se ofrecen proceden de investigaciones realizadas hasta el año 2005 en Estados Unidos y Canadá, donde la pesca recreativa tiene un número altísimo de practicantes y una considerable aportación a la riqueza nacional y como tal se dedica mucho esfuerzo a la investigación de esta actividad. ¿Son trasladables estos datos e ideas a la realidad española? Esencialmente sí, a mi juicio.

La tasa de explotación o mortalidad
Muchos de los impactos, reales o potenciales, que los pescadores deportivos podemos provocar se relacionan con la tasa de explotación de las poblaciones ícticas. Se entiende por tasa de explotación por pesca la fracción de los peces de una población que es capturado y sacrificado durante un intervalo de tiempo determinado, por ejemplo, un año. Con datos de estudios realizados en el subcontinente norteamericano esta tasa resulta ser altamente variable, y de unos lugares a otros varía, por ejemplo, el 9-72% en el bass de boca grande; el 4-22% en el lucio y es de media del 46% si se consideran solo -en éste- los ejemplares mayores de 50 cm.

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Es decir, en algunas aguas de allí son retirados 3 de cada cuatro ejemplares de bass cada año y en el conjunto de ellas uno de cada dos lucios de más de 50 cm

¿Cuál es la situación en España? Desconocida, que aquí –y en general en Europa- la investigación ecológica asociada a la pesca de recreo es muy escasa, pero hemos de suponer que se dan tasas de explotación también altas con ambos, pues al fin aquí –como allí- los pescadores somos hoy depredadores clave en los ecosistemas acuáticos.
Las tasas mencionadas dependen allí, entre otras variables, de las limitaciones pesqueras (cupos, tallas mínimas) y la duración de la temporada de pesca. ¿Cuáles serán aquí cuando tantas normativas pretenden la erradicación de ambos y no se legislan para ellos cupos o tallas mínimas legales? ¿Cómo serán aquí que las condiciones climáticas permiten la pesca casi todo el año?

Más pescadores suponen menos peces y viceversa
Un aspecto importante en cuanto a la tasa de explotación es la retroalimentación que se establece entre los pescadores y la pesca, pues existe una cierta proporcionalidad entre la densidad de piezas pescables y las capturas. Para entendernos: más pescadores suponen menos peces pescables y la escasez de éstos hace descender el número de pescadores, con lo que las piezas pescables aumentan al disminuir la presión… y aumentan entonces el número de pescadores en una autorregulación teóricamente infinita.

Pero esta perspectiva no tiene en consideración aspectos que modifican la situación, pues espera que los pescadores –en número significativo- abandonen la práctica de la pesca recreativa si ésta no satisface sus expectativas de calidad y cantidad, lo que se cumple en un grado muy variable, influenciado por la existencia de otras opciones de ocio a nivel local –la mayoría de los pescadores recreativos no proceden de entornos urbanos grandes- o la posibilidad de practicar pesca de otras especies (ciprínidos en vez de salmónidos, por ejemplo), por lo que un número importante de pescadores seguirá pescando su pez o peces favoritos aún en condiciones de merma muy acusada de la densidad poblacional. Lo que probablemente esté ocurriendo hoy en algunas masas acuáticas que tuvieron su momento de esplendor más o menos años atrás.

La práctica de la suelta de los ejemplares capturados –reduciendo así muy significativamente la tasa de mortalidad– es una respuesta adecuada a estas altas tasas de explotación, aunque no suficiente para una pesca autosostenible.

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